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Luis Scafati: Imaginación y originalidad

por Andrés Cáceres

El juguete rabioso

Luis Scafati, uno de los artistas más destacados de la plástica argentina, comenzó a exponer en Mendoza en 1969. Desde entonces a la fecha ha obtenido los premios más importantes, ha multiplicado muestras dentro y fuera del país, ha ilustrado a escritores famosos y llevado su obra a los centros neurálgicos de la cultura.

Tiene una sintaxis de hoy, personalísima, que le permite inventar un mundo propio que conjuga el humor con lo terrible, desde una virtualidad admirable que posibilita la catarsis e induce a la reflexión.

De fértil imaginación, bordea los límites de lo trágico llevando un manojo de humor ácido, de ironía, de sarcasmo, cantando a la ternura con un guiño cómplice y postulando a la libertad como el valor máximo del hombre en tanto hombre.

Dentro de la gráfica Argentina es el más agudo interrogador de la contingencia humana y sería redundante hablar de las cualidades de su línea, de su destreza para poner el color o de su dominio compositivo. Bucea en el misterio, defiende con todas sus armas a la justicia y no se desanima ante la impiedad de los poderosos ni la deserción de los indefensos, con tanto ingenio que lleva a convivir un trazo caligráfico con una aparentemente torpe salpicadura.

La tendencia a encasillar y simplificar nos hace perder una fruición insospechada. Así como se relaciona a Tejada Gómez con la música folklórica y no se lo lee, del mismo modo se identifica a Scafati sólo con el humorismo, que es uno de sus medios de acercamiento y de expresión. O se lo limita a la gráfica, donde, sin duda, llega a una cumbre donde hay muy pocos, tal como se hizo durante muchos años con Carlos Alonso, destacando que era un eximio dibujante pero casi nada como pintor.

Scafati, que también se ocupa de la escultura, ya ha demostrado ser tan intenso y original con la pintura como con el dibujo. Es un artista profundo, con la curiosidad y la voluntad de trabajo de los grandes, que recurre a medios diversos para buscar el secreto del origen, las hondonadas y oscuridades del inconsciente, las peculiaridades de la existencia colectiva, las variaciones de los sentimientos y jugar con las sutilezas que permite la materia.
A la vez que denuncia con ojos críticos -y nos acerca una porción de verdad, nos deja pensando, nos obsequia perplejidades e interrogantes y le abre espacio al amor y a la sed de justicia-, nos revela cuanta grandeza hay en el ser humano. Justamente, critica porque tiene esperanza, ama al hombre y lo considera perfectible. Es así como sus obras tienen una impronta universal y constituyen un documento artístico del siglo XX.

Plásticos de Cuyo

 

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