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Eliana Molinelli: Criaturas nacidas en el abismo de lo trágico

por Andrés Cáceres

Eliana Molinelli, que tiene las dos distinciones más importantes que se otorgan en escultura en el país, el Gran Premio Adquisición "Presidente de la Nación" y el primero del Salón "Manuel Belgrano", consistentes en un estímulo mensual de por vida, sigue trabajando, como si todavía no hubiera alcanzado su techo. Haber sido recientemente invitada al Premio Adquisición de la Fundación "Trabucco", heredero del cotizado Premio "Palanza", le suma un nuevo halago, por cuanto solo participan los más grandes artistas argentinos.

Nos preguntamos por la estética de Eliana Molinelli, que tiene una obra expresionista y una temática regional y la respuesta tiene que ver con una personalidad potente, capaz de expresar con elocuencia su identificación con el dolor y la problemática del otro, del hombre común que sufre. Una personalidad que sabe hacer suya la carencia, la pérdida irremediable, la ausencia que parte el alma en dos, el drama que destroza para siempre a la madre que perdió al hijo, a la mujer que dio la vida por su vástago. Y convierte la dolida carne humana en símbolo.

Los personajes, muchas veces ingrávidos, están bogando en su propia nada o en esa otra nada que es la alienación de una época que no podemos entender. Son víctimas sociales, por una justicia que no llega o desafortunados de la vida cotidiana, por la caricia que no estuvo a tiempo.

La plasmación es tan vigorosa, tan contundente que nos deja sin respiración. Por una parte, cuesta entender que esta mujercita suave y elegante pueda contener un espíritu de tan alta temperatura y que no la consuma y, por la otra, la obra en sí nos abisma, porque en su lograda virtualidad está cifrado lo verosímil, lo posible y un hilo de verdad conmovedora, que se asoma al abismo de lo trágico.

Encontrar la técnica, la forma adecuada para que la expresión solidifique es la búsqueda constante de todo artista. Molinelli, perseverante y talentosa, adquirió el estilo tempranamente. Luego fue perfeccionando y sigue haciéndolo y uno de esos aspectos, el más notable, está constituido por los paños, por saber establecer con la forma paño, cuerpos humanos flagelados, desmembrados, vaciados. Y a través de esos cuerpos, en ocasiones, una idea genial se señorea.

Ella sólo dice que piensa más en lo que le aconteció y le acontece que en la estética. "Mi remanso comienza cuando tomo una herramienta. Las muevo delicadamente; me cuesta entrar en el mundo duro de los metales. A veces me asustan las grandes chapas, que son verdaderos desafíos para mi esqueleto. Asumo esta lucha de poder y corto y junto y sueldo. Allí dialogan los materiales casi solos. Yo soy una espectadora que los pone uno al lado de los otros, o los separa. Pero de pronto en el tajo estoy yo. Mis venas se llenan de metal. Es el tiempo de convertirse en hierro y aluminio para luego expulsarlo desde adentro con un lenguaje nuevo. Lejos la estética, cerca mi interior. Las tripas están constipadas de haber absorbido estos elementos. Digerir o exhalar, desde la vísceras y con el alma desde muy adentro. Sí, la estética: evaluar, conceptuar, esgrimir argumentos experimentados, recibidos, estudiados...La estética es a posteriori".

-¿Qué quiere decir de adentro, del interior?
-Creo que son tiempos. A veces las cosas están llenas del afuera, del camino que te da de comer, cosas que tienen un valor. Un premio tiene un valor, una moneda tiene un valor de intercambio. Las cosas de adentro no tienen esos valores, sólo están allí hasta que se produce una alquimia que convierte la infancia en ahora, la intimidad en oro.


-¿Cuáles fueron los tesoros de la infancia?
-Me acuerdo colgada de la mesa amplia y luminosa. Miraba el brillo de la luz sobre las ventanas. Tenía prohibido sacar las telas ordenadas por colores y texturas, pero me divertía con una caja llena de botones que esparcía sobre el piso. Mi madre me rodeada con sus moldes, sabía exactamente hacer una pinza o un corte para que la tela se adaptara a mi pequeña anatomía.


-¿Cuál es la relación con el hoy?
-Ahora es casi habitual contar que trabajo sobre el cuerpo, que lo dibujo con marcadores. Miro mi colección de chapas que cuelgan de clavos en las paredes. Son de cobre, bronce de distintas características, hierro, aluminio. Son raros vestidos de plomo y algunos regalos de la imprenta de la esquina. Tomo de mi extraño muestrario la que me sugiere la piel que voy a reproducir. Allí comienza el proceso, pedacito por pedacito. Del papel a la chapa, una cáscara modelada y cosida con la autógena. El fuego, esa llama temporal, juega en contrapunto con el ruido monótono que la consume, mientras mis ojos aplastan cada gota incandescente y siento que las conduzco desde lo profundo de mi interioridad.

Plásticos de Cuyo

 

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