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GOLFO PRIVADO

por Luis Abrego
“Los corazones que arden, difícilmente
calmen su sed con agua mineral” (De “Un
tal señor Páez y sus obsesiones del corazón”)


Llueve fuego sobre la ciudad,
y hay amores baleados
que no pueden sobrevivir.
Hermógenes tuvo una vez
un mazo entre sus manos
y lo volcó violentamente sobre la mesa.
Remató asó algo más que un corazón.

Vivimos escapando
de nuestras propias fieras hambrientas.
Esas que cada vez nos piden más.
Esas a las que cada vez damos menos.
Fugarnos es un estigma noventista,
tan cool como cobarde.
Fugarnos es temer un amanecer
o prestigiar al trapecista.
El amor no espera
a que termine la vuelta
de nuestra calesita.

El amor quiere ser sortija en mano,
misil atento,
faro mundano
o corazón satánico.
Todo eso.
Casi nada, caballeros.

(En “Letanía beat”, 1998)

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