No Ficcion / Borges, 100 años 

"Yo aceptaría la inmortalidad a condición de no recordar haber sido Borges de no

por Andrés Cáceres
(En julio de 1969 Borges vino a Mendoza. en el Plaza Hotel bajaba las escaleras del brazo de Antonio Di Benedetto. Abajo lo esperábamos, Daniel Prieto, por ?Los Andes? y quien esto escribe por el desaparecido ?El Diario?. Hoy recordamos esa lejana entrevista)

-De haber nacido en un pueblito africano ¿cómo sería Borges?-Creo que la pregunta no tiene sentido porque yo no hubiera sido Borges sino otra persona.

-¿Y si hubiera nacido en el siglo XIX?-Yo nací en el XIX, que es superior a éste, pero tiene un argumento muy fuerte en contra: el siglo XX.-¿Cuándo piensa volver a nacer, Borges?-Espero que mi muerte sea definitiva ¿no? Si hubiera comenzado una generación de longevos con nosotros, yo ya tengo setenta años y mi madre noventa y tres, el único argumento en favor de nuestra inmortalidad sería la estadística. Pero como no hemos muerto, no hay por qué suponer una cosa tan insólita. Yo aceptaría la inmortalidad, contra lo que conversaba con Unamuno, a condición de no recordar haber sido Borges y nacido en un país sudamericano. Pero ¿hasta dónde sería inmortal sin memoria? Si usted me preguntara qué soñé o qué comí ayer, no podría recordarlo porque la memoria no da para todo eso.

-¿Y si le preguntara cuál es el último sueño que recuerda?-

-Eso sí. Cuando venía en el avión soñé que iba en coche por la calle Moreno y éste en lugar de doblar por Santiago del Estero, seguía por Entre Ríos. Eso era un sueño porque nada tiene que ver con mi viaje a Mendoza ¿no?

-De todos los hombres que es usted, salvo aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach, ¿a cuál mandaría al infierno en caso de que éste existiera?

-Yo he sido excepcionalmente egoísta, estúpido y cruel durante los años de mi adolescencia. Creía que mi deber era ser Hamlet o Raskolnikoff.

-¿Y ahora es feliz?

-La felicidad es una cosa serena y no sé hasta dónde conviene la exaltación. Hay que dejarla llegar y ser hospitalario con ella. Uno va caminando por una calle, por ejemplo, y de pronto se siente feliz. Esto puede deberse a dos cosas: un estado fisiológico o una felicidad anterior a la que responden temperatura, luz y calle.

-¿Le gustaría ir a la Luna?

-No. Entre Mendoza y San Rafael hay un gran desierto. También en Arizona hay uno más grande. La Luna es un gran desierto. Estas empresas y aventuras astronómicas me han interesado poco. Injustificadamente, porque han implicado un gran esfuerzo intelectual. Yo veo todo desde el punto de vista literario, porque soy un literato ¿no? Hablar de un viaje a la Luna parece un plagio de Wells. La imaginación literaria ha ido más allá que la realidad científica.

-¿Cómo debería ser un lunático?

-Muy poco parecido a nosotros. Nosotros resultaríamos tan extraordinarios para ellos como ellos para nosotros.

-Cuando uno se acostumbra, lo diferente resulta cotidiano.

-Claro. A mí de chico me llamaba la atención que los recién nacidos no se asustaran, porque se encontraban de pronto en un mundo donde hay gente con una cabeza, dos ojos y una boca. Es algo que debiera causarles espanto ¿no?

-Ahora que los tranvías no le ayudan la tristeza con esa queja larga que soltaban en las tardes ¿qué ocupa ese lugar?

-Cuando escribí esos versos pretendí ser actual. Ahora, es como referirse a las diligencias en las que viajó mi madre.

-¿Qué contestaría si alguien golpeara a su puerta y le dijera: vengo a matarlo, Borges; le doy un minuto para encomendarse?

-En agosto se publicará un libro mío cuyo título no me ha sido revelado. Allí estará incluido un cuento llamado "El enemigo", cuyos pormenores no puedo revelar, a pedido de los editores y que responderá a su pregunta. Por supuesto, va a tener que comprarlo.

-¿Si Dios fuera malo, el mundo sería mejor?

-La pregunta es muy ingeniosa y yo debiera responder ingeniosamente. Hay un arquetipo posible. Dios es tan generoso con el hombre que le da todo, hasta la posibilidad del infierno. ¿Quién sabe si esos regalos convienen, no? Pero no me voy a poner a payar con usted. Me doy por vencido de antemano.

-¿En qué se parecen una guerra a una obra literaria?

-Son dos empresas intelectuales, pero la literaria es mucho más arriesgada.

-Hoy nevó en Mendoza después de mucho tiempo. ¿Le gusta la nieve?

-Hace dos años estuve en Cambridge con una mujer y advertí que tenía los ojos llenos de lágrimas. Fuimos a una ventana y había una nieve ínfima. Ella nunca había visto nevar. Tres o cuatro días más tarde estábamos bloqueados por la nieve. La primera nieve tiene una suerte de virginidad, de pureza. Es muy linda la luz cuando nieva. Yo había visto nevar en Suiza pero allí la nieve no puede competir con la de New England. ¡Qué raro! Ese año en Escocia nevaba pero no en Suecia. Y uno asocia Suecia con nieve. Aquí no nieva como para quedarse bloqueado y que el avión no salga ¿no?

-Aquí se dice que usted hizo unos pases mágicos en Buenos Aires para que nevara. ¿Puede defenderse de ese infundio?

-No...tal vez los he hecho. Me gustaría mucho volver a ver nevar. Es peligroso. En Estados Unidos es resbaladiza. Un señor se mató. Una vez íbamos caminando con mi mujer y de repente nos encontramos acostados en el suelo. Igual que cuando me sacaron tres muelas. Me di cuenta después. Me dijeron: haga un buche. Lo hice y vi que salía un líquido colorado y pregunté qué era. Me dijeron: nada, un poco de pintura. Habrán pasado cuatro o cinco minutos. No demoran más en sacar tres muelas ¿no?

-¿Hace mucho que no va al cine?

-La última vez que fui ya no veía paisajes ni caras. Voy perdiendo la vista. Sí...y no quiero comprobarlo muy seguido.-¿Vio "El bebé de Rosemary"?-Sí...pero no sé si está aquí mi mujer. A ella le gustó. A mí...(Interviene Elsa Astete) "Aquí estoy oyéndote, sinvergüenza.."

-Sí, sí...es una película excelente...

-¿Usted es psicodélico, Borges?

-¡No! Tres veces en mi vida probé la cocaína y como era menos agradable que la leche, perdone la palabra, la dejé. ¿Para qué agregar otra mala costumbre?

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