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Entrevista a Rolando Concatti

por Andrés Gabrielli
Las dos últimas novelas de Rolando Concatti, más allá de sus méritos literarios, son una inapreciable herramienta para indagar el pasado reciente de Mendoza. Un pasado conflictivo, silenciado, que causa una evidente incomodidad en aquellos sectores que sacan partido de la superficialidad humana y desmemoria.

En un reciente título, Que está de olvido y siempre gris, Concatti se sumerge en la Mendoza de 1979, marcada a fuego por los negociados de los militares. Es el apogeo del Grupo Greco. Una trama apasionante.

- ¿ Por qué eligió este período tan especial de la historia y este tema, relacionado con la guerra sucia ?

- Porque me parece que es un momento de crisis y de inflexión en la dictadura.la impresión era, por el contrario que estaba en su máximo éxito. De hecho, propagandísticamente fue el punto culminante.

- ¿ A través de qué hechos ?

- Del Mundialito de fútbol, que ellos lograron preparar bien. El Mundial ?78 se les había venido encima y los militares tenían mucho miedo. Al final la Argentina terminó saliendo bien, pero no hubo forma de usarlo suficientemente. En cambio al Mundialito que ganaron los juveniles, aunque era una cosa menor, se lo hizo pasar como algo tan importante como el otro campeonato mayor.

- ¿ Cómo podemos rotular ese momento pues?

- Es el momento del triunfo y de imposición pacífica del gobierno militar

- ¿ Y que determina que fuera un punto de inflexión y de crisis?

- Las propias crisis de los militares. Los recambios andaban mal. Viola no funcionaba, se pelaban entre ellos, etcétera. Además, es el momento en el cual estaban entrando verdaderamente en crisis los grandes negociados. Recordemos que en esos días quebraba el BIR, luego vino la caída del Grupo Greco y otras cosas por el estilo.

- ¿ Y el plano internacional?

- Fue muy importante. La presencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la aceptación de la enorme cantidad de denuncias que se hicieron, le dieron, por primera vez, legitimidad a los reclamos del exterior, que estaban haciendo, desde Jimmy Carter para abajo, varios líderes.

- ¿Los militares sabían lo que se les venía?

- Ellos creían que venían manejando muy bien la cosa, por que Orfila les había garantizado que se trataba de una visita así no más.

- Usted tiene una mirada bastante crítica sobre ese mendocino, Alejandro Orfila, que era secretario general de la OEA.

- Por lo menos en este tema, sí. No conozco sus otras actuaciones. su interés era seguir al frente de la OEA. ¿no? Hay muchos documentos y testimonios de gente que lo frecuentó o que lo fue a ver por el problema de los desaparecidos. Los corrió a todos.

- Usted señala los horrores de la época, el miedo, la mordaza. Pero también está el contrapeso de esos horrores.

- Exacto. La preocupación mía, mi obsesión, es que de esa época guardo una imagen conmovida de la cantidad de gente generosa que nos dio su mano, que se jugó silenciosa y pequeñamente.

- ¿Qué conclusiones pudo sacar de todo esto?

- Este tipo de casos, que se multiplicaron por todos lados, me mantuvo en la convicción de que tal vez lo peor de la herencia militar, lo que no hemos superado, es esa mirada menospreciadora de la gente, del pueblo argentino, la idea que siempre tuvieron los militares es que este es un país de calzonudos, un país de ineptos y cobardes.

- Un personaje central en su libro es el del represor Mastuccione, que alude a un hombre de carne y hueso: el brigadier Julio César Santuccione, jefe de la policía. ¿Cuál es su conocimiento de él?

- De mucho miedo. Realmente era dueño de vidas y personas en Mendoza. Creo que era un tipo absolutamente terrible, un delirante. Encarnó una de las formas más tremendas de concepción fascista, autoritaria, menospreciadora. Coincidió con una provincia sonde ellos no poseían tanto y con el gobierno de una fuerza que no estaba tan comprometida con la represión salvaje.

- Esa fuerza era la Aeronáutica. ¿ fue una suerte para Mendoza haber quedado bajo su órbita?

- A lo mejor sí, no sabría decirlo. Yo aludo muy claramente acá a lo que significó el grupo de la Aeronáutica que estuvo en muchos de los negocios importantes de Mendoza. Los que estaban más vinculados con grupos de Buenos Aires, como Greco, se relacionaban con el Ejercito.

- ¿Cómo se entiende que un marino como Massera termine haciendo un negocio en el barrio WIL ? Ri , de Chacras?

- Ese es un hecho anómalo. Los que saben del tema señalan que se trata de una presencia insólita de la Armada, que tenía poco por acá. De hecho fue un operativo puntual.

- El Liceo Militar, donde se formó buena parte del establishment mendocino, es uno de los lugares que usted señala como centro de detención. Para algunos, el dato puede ser llamativo.

- Así es. Por los comentarios que me hace, me doy cuenta de que la gente se entera con asombro de cosas que uno, sin embargo, creía que todo el mundo más o menos sabe. La dificultad, de la literatura que yo hago es que, como utiliza tanto de historia casi periodística, no hay que dejarse dominar por ella. Es decir, no trasformar esto en un diarucho tardío de aquellos acontecimientos sino mostrar otra cosa.

- ¿Qué cosa ?

- Mi única preocupación, en el fondo, es la condición humana en situaciones extremas. Las respuestas insólitas.

- Además de reflejar la dictadura, usted traza una parábola moral de la sociedad argentina y mendocina. Hay negociados, tramoyas, coimas...

- Picardías, sí... Hace poco leía en Los Andes que un tucumano viene de estafar ¡ a 600 mendocinos con el truco de la DGI !. Me moría de risa. Es lo mismo que hacía Ernesto en mi novela de los años setenta. Pero, bueno, esto no ocurre sólo en Mendoza. Es también un fenómeno argentino, latinoamericano. Como dice, al pasar, otro personaje, Riquelme, la costumbre viene de la Colonia, donde el venalismo de los recaudadores y de los funcionarios era terrible. De ahí la tradición de que es mejor hacer las cosas por izquierda que hacerlas por derecha.

- ¿Cuántos desaparecidos hubo en Mendoza?

- No lo sabemos exactamente. Fueron unos 300, más o menos.

- Una cifra menor, en comparación con lo que pasó en el país.

- Sí, relativamente. Por otra parte, lo que hay que destacar fue la tarea que desempeñaron los organismos defensores de los derechos humanos. Esa fue la tarea más importante que yo hice. Se refugiaron unos 7.000 chilenos, nada menos que en esa época, ojo. Era una tarea de extremo riesgo, hecha por gente muy común.

- Entre ellos, Mauricio López

- Sí. Adorable persona. Quizá el más notorio. Había sido rector de la Universidad de San Luis e integraba el Movimiento Ecuménico de Derechos Humanos. En mi novela hay un pequeño anacronismo, porque yo lo hago actuar en el ?79, siendo que para entonces Mauricio ya estaba muerto. Desapareció el 1º de enero del ?77. En cambio el obispo Paruga, al que aludo también, está vivo y es una figura eminente.

- ¿Se puede trazar algún parangón Entre aquellos 300 desaparecidos y los desaparecidos de hoy en democracia, como Garrido, Baigorria, Guardati, Zambrano y Rodríguez ?.

- Para mí revela que sigue enquistada en los sectores represivos la idea de impunidad. Las organizaciones represivas son siempre, tendencialmente , muy duras. Además sabemos que hay gente que practicó la tortura en aquella época y que siguen siendo figuras importantes en la cárcel, en la policía y en otros ámbitos.

- ¿Se puede trazar un arco entre aquella Mendoza de los setenta con Greco y la Mendoza de los noventa con Moneta?

- Económicamente hay cambios importantes y positivos, en cuanto a reglas de juego más claras. Greco seguía la inercia de la vinculación Estado ? empresario. Era todavía parte de la patria contratista. Moneta es un último coletazo de todo eso. Lo suyo me parece más anómalo, más excepcional. Moneta encaja porque el Banco de Mendoza es un residual de aquello.

- Usted nombra expresamente a tres escritores en su novela: Rodolfo Walsh y los mendocinos Draghi Lucero y Antonio Di Benedetto . ¿ Por qué estas elecciones?

- Por haber sido una víctima, se trata de un homenaje de la época. Pero , además , se ponen sobre el tapete una de las cosas más discutibles de Walsh que figuran en su último escrito, donde dice que la resistencia debe diseminarse y actuar en células separadas, lo cual hubiera prolongado la sangría y el drama. La alusión, entonces es que aún las mentes más lúcidas , en un determinado momento, dan manija a cosas casi demenciales.

- Justamente, hay una mirada crítica sobre los delirios de la guerrilla. La insistencia sobre la famosa Contraofensiva de los montoneros es para agarrarse la cabeza.

- ¡ Por favor! Hay obligación de decir que fue un momento de delirios. Esto, claro, me trajo problemas con mis amigos vinculados con los montoneros.

- ¿ Por qué ? ¿Qué le dicen?

- Están enojados, como si yo apelara a la teoría de los demonios. Son figuras retóricas que han inventado para prohibirle a uno decir que, en realidad, hubo locuras de parte de unos y de otros.

- Volvamos a Di Benedetto.

- Es la mención más deliberada. Yo estoy ofendido, porque hoy todo el mundo habla del gran escritor, pero sin precisar mucho. Mendoza pasó del silencio excesivo sobre su desaparición a una suerte de homenaje enorme y acrítico.

- Usted lo hace hablar de manera muy particular a Di Benedetto.

- Utilicé algunas frases de sus libros, imaginando cómo habría dicho las cosas él después de la terrible experiencia que paso. Y la frase final no es exactamente suya, pero sin duda ilustra su circunstancia: ? ... yo que he meditado tanto sobre el suicidio, sobre la muerte, digo que este no es momento ni lugar para morir, que no hay que ser cómplice en las ceremonias de la destrucción?.



El Protagonista

Rolando Concatti (66) nació en Lujan de Cuyo. Contador público nacional con posgrado en Economía, se recibió de bachiller en Filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma.

Fue sacerdote entre 1963 y 1973, y responsable regional del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. El Proceso lo dejó cesante como profesor de Economía de la UNC en 1976.

Es director de la Fundación Ecuménica de Cuyo y del Foro Mendoza.

Su anterior novela es Nos habíamos jugado tanto (1997). Actualmente prepara un nuevo título de ficción: Santos Guayana, Un pasado escondido que de algún modo es cierto.

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