Memoria Gráfica / Poesía 

Para no adeudar la felicidad

Autor: Teresita Saguí
Editorial: Zeta Editores
Detalle: (Mendoza, Zeta Editores, 2007, 63 páginas)
Frida Kahlo: DOS MANERAS DE HONRAR LA FELICIDAD

“Para no adeudar la felicidad” constituye el séptimo volumen de poesía en la trayectoria de Teresita Saguí, y se presenta como resultante de un diálogo entre la autora y el universo poético de la artista mexicana. Este señalamiento no es azaroso, ni es una mera constatación numérica. El libro, de acuerdo con comentarios de su autora, aparece en un momento vital y creador que la halla volcada hacia la escritura de cuentos -Las faldas de Eva- y de relatos para niños -Historias de Hekla-. En este contexto, Frida Kahlo ha terminado imponiéndose. Posiblemente lo hizo como aquellas figuras singulares que aparecen al margen de un cuadro, una foto o un sueño y, poco a poco, de puro tercas, terminan ocupando -como las obsesiones- el centro de la escena. Y está para los lectores en este nuevo volumen de poesía, por fin, presentada toda ella mediante las magias del arte de Teresita Saguí. Porque, como en sus otros libros, cada poema apuesta por la totalidad y destila, con los recursos estrictamente necesarios, la esencia de esa totalidad a la que aspira. También aquí la escritora ha sabido recoger las palabras una a una "como si inventara el equilibrio", las ha "hilvanado en el espacio de razones compartidas" y ha apresado "su ternura (…) como infalible eslabón para el sosiego".

Pero, ¿por qué Frida Kahlo? Se puede conjeturar una respuesta fundada en cierta afinidad de talante. Hay en toda la obra de Teresita Saguí un merodeo poético desde lo próximo y un salto hacia las dudas fundamentales que hacen a la existencia. Y, a pesar de ello, ese salto nunca se resuelve en el vacío. Se aferra a las precarias e indispensables respuestas que hacen posible habitar un mundo. Ese empecinamiento vital, que descubre la fragilidad de la vida pero que a la vez, o posiblemente por ese mismo descubrimiento, la afirma, es un rasgo que asocia las tentativas creadoras de ambas artistas, aun cuando este talante derive de experiencias distintas.

Ante todo, el libro sorprende por una actitud de escucha. Se señaló anteriormente que Frida irrumpe y ésta es la expresión más acertada. Para que la epifanía de los seres que forman el mundo suceda en el poema, Teresita Saguí ha decidido callar y dejar que Frida se acerque y se funda con su sangre.

Por otra parte, aun cuando es visible la continuidad de estilo entre este libro y los anteriores, “Para no adeudar la felicidad” se presenta como resultante de un diálogo entre la autora y el universo pictórico de la mexicana. El diálogo presente inscribe al volumen en la tradición del paralelismo entre las artes plásticas y la poesía. Y esto plantea todo un desafío para la escritora. En primer lugar, porque existe una discontinuidad entre el poema y el texto que lo origina -el cuadro es aludido en modo incidental como un epígrafe, pero no acompaña al texto que lo presupone, al menos, como su motivación-; en segundo, porque los modos de representación plástico y literario, son diversos: colores, formas, planos que se presentan a un observador de manera simultánea, se recrean ahora mediante la palabra en un encadenamiento lineal. Por otra parte, si leemos con atención los poemas, cada uno convoca no sólo el universo imaginario del cuadro, sino también el periplo vital de la pintora y las interpretaciones que ofician de intermediarios entre los cuadros y sus observadores potenciales.

Para resolver este desafío Teresita Saguí ha gestado su propia colección imaginaria, su museo Frida Kahlo, que es, simultáneamente una síntesis de su recorrido vital. El libro se inicia con un epígrafe: "Elige tus pinceles/ Frida/ el mundo está al acecho". A partir de allí, como si la pintora obedeciera esta exhortación, se despliega un ciclo de poemas en función de obras concretas desde "Terciopelo", cuya fuente inspiradora es "Autorretrato con traje de terciopelo", de 1926 hasta el poema "Semillas del futuro", que remite a la pintura "Viva la vida, sandías", de 1954, acabada ocho días antes de su fallecimiento. Cada retrato, cada cuadro puede interpretarse como una tentativa mediante la cual la Kahlo intentó simbolizar su propio mito. Con este ordenamiento y a través de distintos modos de apelación al mundo imaginario de la pintora, Teresita Saguí reconfigura ese destino, desde su mirada apasionada.

Ahora bien, las maneras de dejar aparecer a Frida y a su obra son diversas en esta galería. A veces, como en el epígrafe, la pintora es interpelada ya sea para obrar o para convalidar una interpretación posible, tal como se advierte en el poema "El halcón y la torcaza", inspirado en "Frida y Diego Rivera, 1931":


Has querido

remarcar lo pequeño,

la tenaz persistencia

de la mano en la mano.


Uno con el otro,

juntos por contraste

de saberse distintos.


El poncho mexicano

en vaivenes de rojos

es toda la evidencia. (p. 17)


Otras, el estatuto de la voz que enuncia el poema es ambiguo porque se encubre.

En ocasiones, la escritora reconstruye un diálogo imaginario entre los personajes del cuadro e introduce sus propias apostillas a la escena. Así se observa, por ejemplo, en un poema que alude a "Autorretrato con bonito, 1941", titulado "El espacio inquietante". El desarrollo de este coloquio de tres interlocutores a la vez que permite al lector evocar la pintura, da cuentas disimuladamente del sentido del cuadro, de ese contraste entre la muerte y el luto, simbolizado en el color negro, y la vida que exulta en las imágenes del fondo, el loro y la mariposa:


Hablemos

pidió el loro

exhibiendo amarillos

verdes

y otros datos.

Prefiero pintar

dijiste.


Y por oposición

a estricto luto

pintaste una mariposa

y el olor del día

entre las hojas. (p. 47)


Este remate poético ejerce una fascinación particular. "Pintar … el olor del día", he aquí una imagen que el lector no espera, una asociación de sensaciones olfativas y visuales cuya efectividad se mide en el vigor de la secuencia para referir el triunfo de lo vivo frente a la muerte, en su poder para hacer presente la escena recreada.

Conforme a un modo frecuente de organizar la estructura poética en la poesía de Saguí, a veces, la enunciación se presenta como una serie de instrucciones a seguir.

Todos los poemas manifiestan, en su modo de leer los cuadros, la subjetividad de quien los recrea. Pero en los ejemplos dados hasta ahora, esa subjetividad, que evoca, recrea, interpela o cita se hace además presente mediante el sistema de pronombres que la explicitan. En ocasiones, por el contrario, la enunciación se "objetiva" al desaparecer las marcas del sujeto que la profiere. Es como si el cuadro abrumara con su presencia absoluta y solo diera lugar a una reconstrucción de sus elementos más representativos. Tal es el caso de "Ridícula vidriera", cuya fuente es "Aparador de una calle en Detroit, 1931":


Por casualidad

o búsqueda

una ridícula vidriera

precisamente ahí donde la calle

cambia la mañana

y con un poco de suerte

el día entero. (p. 19)


Estas formas de dejar que Frida se presente en el poema tienen un sentido. Hay, un deseo de revelar un dinamismo latente, presupuesto, en cada cuadro. Así, por ejemplo, en "Lo curioso del caso" cuyo intertexto pictórico es el "Autorretrato con collar de espinas", de 1940. El cuadro exhibe de frente a Frida, sobre un profuso fondo vegetal, con un collar de espinas desplegado sobre su pecho y un colibrí muerto en el centro. En esta imagen, que según la tradición folklórica mexicana era usada como amuleto para la buena suerte en amores, se fija la atención del poema:


Un colibrí muerto

invoca razón insuficiente

para pensar la muerte


un colibrí

con alas desplegadas

en ausencia de vuelo

sobre el collar de espinas.


Lo que altera el proceso

sin embargo

es el cercano corazón

que late y late.


Que hasta el delirio late. (p. 43)


La recreación parece recuperar sutilmente ese sentido simbólico del colibrí y exaspera dicho valor al revelar al lector la pasión oculta.

Pero al mismo tiempo el universo imaginario de Kahlo le permite a Teresita Saguí desplegar el demonio de su visión analógica de lo real. Es posible hallar en su poesía un mecanismo que interpreta las entidades concretas que lo componen como símbolos impensados e instantáneamente exactos de abstracciones o nociones complejas. Veamos, en este sentido la siguiente metamorfosis de la trenza, en el poema "Una trenza contra el cielo":


La mirada

puede dibujar el mundo:

bosques insondables

ríos de metal

o pájaros

con los que se tiñe

el agua,

mínimas delicias

para el día.


Y también una trenza

desflecada y loca

contra el cielo

como figura sensual

del infinito. (p. 45)


Esta imagen de la trenza como "figura sensual del infinito", sintetiza contenidos del cuadro "Autorretrato con trenza, 1941". La trenza tejida con mechones de pelo previamente cortados simboliza, de acuerdo con la crítica de Kahlo, la sensualidad recuperada ante la alegría de su segundo matrimonio. La referencia al infinito se relaciona con la forma de ocho acostado que adquiere la trenza sobre la cabeza de la pintora. Pero a pesar de ese sistema de remisiones, la imagen es en cierto sentido autosuficiente. La forma verbal comparativa, la disposición adecuada del verso, con su realce final del adjetivo "sensual", ha logrado darle este estatuto y revela la plasticidad y densidad de un objeto concreto que se transforma en representación novedosa de la infinitud.

Las características de esta imagen permiten cerrar este intento de aproximación a Para no adeudar la felicidad. El volumen constituye ciertamente un magnífico homenaje a Frida Kahlo. Oficia de exquisita guía de un museo virtual de la pintora mexicana. Pero, como suele suceder con aquellas obras poéticas acabadas que surgen de un contrapunto con las artes plásticas, las recreaciones de Teresita Saguí invitan a revisitar la pintura de Kahlo, contrastando interpretaciones posibles. Como señala François Lecercle con respecto a esta forma de poesía, el texto constituye una especie de "aprendizaje de la ceguera": cuestiona modos de ver previos e invita a ver de nuevo, desde el horizonte interpretativo que propone cada poema. Ahora bien, este gesto no se agota en sí mismo. La poesía de Teresita Saguí interroga, a través del universo imaginario de la Kahlo, por el deseo, el dolor, el cuerpo, el amor, la voluntad de vida. Y en la profundidad y en la contundencia de estas preguntas, ese universo es trascendido y valorado a la vez. De allí la potencia de este libro que deja abierta la puerta para seguir soñando.

Por Víctor Gustavo Zonana - UNCuyo - Conicet
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