Poesia / A. Tejada Gómez 

DE AHÍ VA LUCAS ROMERO (1962)

Plenario de la noche

por Armando Tejada Gómez

La soledad cavó por su silencio
y lo encontró habitado.

De nada valió su vieja maña
de acogotar los presos,
derrotarlos,
cuando ella viene rata y se los come,
la noche polleruda como un fraile,
Y ellos,
los presos rotos,
los vencidos
crujen bajo sus patas sollozando,
dando vueltas y vueltas en las sombras,
despiertos,
con el sueño degollado,
acurrucándose entre los orines
llorando el perro de los solitarios.

De nada le valió
Cavó y no pudo.
La soledad se puede a los culpables.

Entró a su corazón como a morderlo
y lo tenía lleno de habitantes.

El era otro cantar en esa celda.
Estaba de asamblea con su sangre.
(El sonido tenaz de su silencio percutía en el vientre
de la cárcel,
cuando contestó al Roque:
__ estoy de acuerdo, yo siempre he caminado hacia delante estoy de acuerdo, yo siempre he caminado hacia delante estoy de acuerdo, yo siempre he caminado hacia delante
y vino el capataz pasando lista,
preguntando quién era el delegado
y nadie contestó ni movió un pelo
hasta que él avanzó sin más palabras,
custodiado por ojos proyectiles que lo hacían sentirse
acorazado.
Anunció:
__ huelga! huelga! huelga!
con su voz bandera
y sonó un estampido en el obraje).

El deja que la noche entre y lo huela
y que la soledad venga y lo lama,
porque está miel pensándose la vida,
la vidamiel que ha hecho con sus manos
hasta que un día supo:
quién se come
la miel multiplicada de mi patria?
quien sea que la come
ése me come,
ése come la miel de mi trabajo,
como, me come, alguien me está comiendo
la tierra, el agua, el sol, el día, el año
y se come lo dulce que yo quiero
de la miel fatigada de mi Paula,
la tierna miel que sube por mis hijos
a llenar la colmena de la patria.
Si me dejo comer la están comiendo.
Nos seguirán comiendo por añares.
Nos seguirán comiendo, vida mía,
mis muchachos de miel, mi pueblo,
Paula!
Cuando él salió a luchar, afirmó:
__ es justo . . . es justo . . . es justo . . .

con su rostro
de autorizar las cosas necesarias,
mientras cortaba pan como palomas,
sabiendo sin saber dónde miraba,
mirando sin mirar hacia el camino
que aguardaba detrás de la ventana.

Alta es la noche ya;
negra en su rostro,
vuelve el hocico para succionarlo
buscándole el lugar de la tristeza,
derramándole miedo por la cara:
( y si vienen de noche, como dicen
y le sacan las uñas y lo capan?
qué más pueden hacerle?)
Lucas piensa.
Organiza su hombría.
La repasa.
(si vienen no respondo por mi muerte,
respondo por mi vida y eso basta!)

(Como esa vez en el ingenio
que le quisieron abonar con vales
y protestó:
__ ¡no vengas con papeles! ¡ no cobro con papeles mi trabajo! ¡no vengas con papeles! ¡ no cobro con papeles mi trabajo! ¡no vengas con papeles! ¡ no cobro con papeles mi trabajo!
Y el capataz se vino con la lonja azuzando alcahuetes
y carajos;
recuerda, en el hocico de la noche
que miedo antiguo le paró la sangre,
cómo retrocedió hasta que le dieron
el primer chicotazo por la cara
y cómo
__ no recuerda con qué furia __ no recuerda con qué furia __ no recuerda con qué furia __
se los limpió a coraje y manotazos).

Eso está en orden.
Por ahí no duele la noche que ha bajado a succionarlo,
pero es que, en una de esas, la tristeza
comienza a tironearlo de los párpados,
como si fuera sueño,
un sueño húmedo:
la Paula con los niños esperando,
si sabrá que está preso,
si lo piensa
asomada a la gota de una lágrima,
navegando en el río de esta noche
el mismo insomnio que él va navegando:
(duérmete Paula! duerme! si durmiera . . .!
pero qué va a dormir! tan luego Paula!
si esta noche
tiene ojos en sus ojos
que salen de la sombra a contemplarlo:
cuídate Lucas,
que la noche esta fría!
seguro que andas con el pecho al aire . . .
qué costumbre, señor!
después me vienes
hablando de dolores en la espalda!)
Y entonces ríe,
sobrevive y ríe recordando los dichos de su Paula,
de pronto está de pie pero ya entero
mirándola mirarse en su mirada
justo cuando la luz
allá en el patio,
clava la daga de la madrugada!

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