Poesia / A. Tejada Gómez 

DE LOS COMPADRES DEL HORIZONTE (1960)

Nochedanza de la Matilde Luna

por Armando Tejada Gómez

me he gastado los sueños
por dar contigo
si esta noche te encuentro
Dios es testigo

Un imperio de crepúsculos inmolado en las hechuras
por la cresta de la noche lleva la Matilde Luna.
Ceñido modo de madre su piel de tarde madura.
Caderas de ansiosos barcos navegan en su hermosura.
De lejos la ata la danza, lazo de médula oscura,
y la arrastra sombra abajo, moliéndole la dulzura.

Siempre la pudo la noche. la noche siempre la empuja.

Sobrevive la semana fregando sus fechas duras,
hasta que el sábado suelta calendarios de locura.
Entonces, el ritmo cae a su índole de fruta
y a sorbos de astral cadencia, su espalda bebe la música.
Ojos de negro horizonte, la Matilde con la luna.
Un diablo de zumo negro le pone la boca de uva.

cogollo del cogollo
mi vida vamos
agüita entre nosotros
ramita de agua
ramita de agua sí
como tu pelo
los árboles se duermen
tierrita y cielo

como moler la sed
vamos mi vida
a bebernos la noche
que no se diga

Entró la Matilde Luna, sinceramente nocturna,
y el aire de su pollera alzó las voces en celo.

La cueca estaba quemando bodegones de fatiga,
cañaverales de ritmo, polvaredas de pañuelos.

Quedó tirante el instinto, el sexo se volvió arquero,
las miradas de los hombres le atravesaron el miedo

Entró pisándole el paso por el filo del aliento,
cercada de luz y rostros, invadida por los gestos.

La noche que la traía se le acurrucó en el pelo
y respirada de ganas cayó a la pulpa de vértigo.

con el beso me aromas
andas desandas
caminitos de menta
trechos de albahaca
trechos de albahaca sí
que no se diga
que debajo de la enagua
te quiebro espigas
flor de tu aliento niña
moja mi boca
con la miel del rocío
que va en tu sombra

Vino a buscarse en los otros para ver si la encontraban
y halló detrás de un pañuelo los ojos que la buscaban;
vueltas que tiene la vuelta, remolinos, llamaradas,
aldabón de limpia música, su risa aprendida al agua.
Tiembla arriba la alegría. El baile levanta espadas.
Las locas manos del ritmo despedazan las guitarras.
Arde la noche en el medio. Los muslos prenden su fragua.
Rojo de girar, el polvo, incendia la madrugada.
Los gritos cortan la vuelta, tamaños de luz, tajadas,
coplas de gigante júbilo se empinan en las gargantas.
La Matilde va encontrándose cuando una ráfaga de ansias
la olvida profundamente en la furia de la danza.

al pasito al pasito
quién lo dijera
te vuelco las estrellas
de la pollera

Abajo tiembla la tierra. Atrás un rumor caliente.
Un fuego ají la transpira. Un gusto de sal la muerde.
Ya ni se escucha vivir, naufraga en su cuerpo, cede,
al fondo de sus latidos un río de sangre hierve.
Un pálpito desmedido la recorre y se la bebe
con un sed milenaria que la quema y la enloquece.

flor de tu aliento niña
moja mi boca
con la miel del rocío
que va en tu sombra.

Su cuerpo, vivo racimo, se deshace entre la hierba.
Su flor derramada estalla salpicando las estrellas.
Abismos su piel, abismos, precipicios y cavernas
la cavan con el misterio que la funda y la penetra.
Lejos. Un grito espacial. Los sonidos se la llevan.
Un tañido colmenar la separa de la tierra.

si esta noche te encuentro
Dios es testigo.

Ahora se llama universo, limo jugo, primavera,
humedad, luz, contenido, polen, salmo de la greda,
se llama sangre desnuda, sustancia, hueso, madera,
Matilde Luna, canción, se llama como la tierra,
boca, raíz seminal, brotecito, especie entera.

Entre los dedos del día, la rueca solar comienza.
Amanecida de origen, va la Matilde de vuelta.

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