Poesia / Cómo leer un poema 

2. Hecho poético y poesía

por José Luis Menéndez
En el simple curso de los días, observamos, con cercana frecuencia, una suerte de percepción natural de ciertos hechos o situaciones cargados de “sustancia poética”. Una puesta de sol detrás de las montañas o de un mar o de un río que gradualmente se oscurecen. La caminata de dos enamorados que se juran promesas mientras pisan esa luz crujiente que un otoño acumula como si fueran hojas de álamo. Un hombre mutilado que se obstina en vivir. Una mujer encinta que mueve la pesada gracia de su vientre... Diarias revelaciones, en fin, frente a las cuales, el comentario social admite y reproduce la calidad de “lo poético”. Pero ello solamente constituye la “punta del iceberg” que buscamos interpretar. La extensión del tema es mucho más vasta y profunda. Y requiere, además, una determinada consistencia, una expresión literal, aquello que lo vuelve “poesía”.

No todo “hecho poético” se transforma en poesía. Siempre se necesita, para ello, el trabajo de un hombre que lo exprese con sus palabras, combinadas de manera tal que lo definan y lo instalen en la conciencia de los otros. Dos cuerpos humanos enlazados por el amor, siempre han significado lo mismo. Pero tuvo que pasar mucho tiempo, incidir sobre el hecho una cantidad inmensa de palabras, de alegorías plásticas, rítmicas, musicales, y hasta infinidad de batallas ideológicas en torno a los conceptos de “pecado”, los rechazos a la desnudez, la admisión de crecientes libertades sexuales, para que al fin de todo ese proceso se reconozca en la conciencia de la sociedad su vitalismo poético, su expandida, aceptada y celebrada hermosura.

Estas “alquimias” no se producen automáticamente, con la causalidad de una secuencia matemática. Necesitan historia. Es decir, indagación y conflicto, repliegues y validaciones permanentes. Por eso ocurre que hay hechos poéticos transferidos al lenguaje hasta llegar casi a un punto de saturación, sobre los cuales cada vez es menos posible referir alguna novedad. Y otros que todavía no han sido descubiertos.

Existe también otro proceso, basado igualmente en las propiedades del lenguaje, que recorre un camino exactamente inverso. Es decir, no produce “poesía” a partir de situaciones que la sugieren y precipitan, sino que la “inventa”, es decir, crea imágenes y revelaciones “poéticas” desde hechos y situaciones que a primera vista carecen de sustancia para conseguirlo. Pero eso es justamente lo que puede lograr un poeta de verdad. Nunca concebir un fruto de la nada, una espiga sin una semilla originaria. Pero si hacer esa semilla, encontrarla en las variaciones infinitas de la palabra y en su magia escondida.

Generaciones de hombres vieron esos insectos luminosos que llamamos “coyuyos” sin hallarles acaso otra poesía que matarlos para luzcan en sus dedos como un anillo fúnebre. Hasta que un día, un poeta, nos aproxima por fin a todo lo que tienen para decirnos:

“Yo estoy aquí, lejanamente solo. Oyéndolos.
y nombrando las cosas de mi tierra
por las que me apasiono y me entristezco.
Digo que ellos vinieron a madurar las frutas,
digo que ellos se beben la savia y que la cantan
y digo que todo este día luminoso en que yazgo
es una fruta inmensa y dulce en medio del verano.”

También las palabras puede combinarse para mostrarnos, inesperadamente, que aún en soledades de agonía, en la inmensidad de un sufrimiento, puede haber un sitio para que la belleza lo ahogue o lo mitigue:

“En los establos olorosos donde me envuelve la oscuridad yo recibo a la muerte y conversamos hasta que lame dulcemente mis labios.”

Y esto es lo que hace verdaderamente iluminadora y grande a la poesía. Por un lado su capacidad de creación, lo oscuro demiúrgico del poema. Y por otro, la carencia de límites para ese proceso creativo. Todo es “poetizable” en tanto se halle o se invente la palabra exacta. Pero esta grandeza marca también su debilidad y su riesgo. Muchos nuevos intentos mueren o deben esperar largos años hasta que la originalidad de una voz complete su destino: los primeros oídos que la reconozcan.

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