Poesia / Cómo leer un poema 

5. Estableciendo diferencias

por José Luis Menéndez
Cuando las metáforas aisladas y consabidas se vuelven caudalosas y plenas de originalidad, aparecen los poemas. Y todo lo que ellos pueden expresar en contraste con la lengua corriente.



Un amigo, al volver de Río de Janeiro, nos contó algunas impresiones de viaje: -Fuimos en taxi desde el aeropuerto hasta el hotel. El taxista era un carioca muy conversador. En unos pocos minutos nos puso al tanto de la situación de su país, y le entendimos bastante bien, pese a que no hablamos portugués. Viajamos por una calle que era como una autopista. Ya era de noche, pero igual pudimos ver cosas muy interesantes. A los costados de la ruta había numerosas canchitas de fútbol muy iluminadas, donde ya desde chiquitos los brasileños se preparan para los mundiales... No te imaginas el calor que hacía, etcétera-. Así siguió por un buen rato. Y nos contó sobre gran cantidad de lugares y de situaciones, de manera bastante entretenida. Y todo lo que dijo fue o pudo ser real e interesante, y nos dejó, a su modo, una suma de vivencias muy valiosas sobre un lugar que aún no conocíamos.



Pero tenemos otro amigo, que se llama Luis. Y él nos habló de un Río de que era el mismo pero parecía ser otro. Los dos vieron las mismas cosas, la misma gente. Pero Luis nos dijo:



Hijo del Sol y la Nube y adoptado por la Tierra,

Brasil.

He aquí un territorio que rebasa los mapas.

Aquí se refugió el diluvio recostándose en el horizonte de los ríos.

Aquí los senos de las mujeres maduran varias veces al año.

Aquí la mitología se fragua ante nuestros ojos.

Aquí los calores del infierno revientan en corolas de edén.

Jaqueadas por su sed de cielo y nubes

las palmeras ahilan tanto sus troncos

que una carcajada o un grito los pueden romper.

Una cascada sale a un costado con la cándida novedad del alba.

(..)

Aunque hay algo que eclipsa toda la pompa del trópico:

la miseria ya evitable en el mundo

se exhibe como en playa de moda.

Vemos una pierna de mendiga atravesar su tumefacto énfasis

hasta cuajar todo el tráfico de la Rúa Ouvidor,

y un mendigo dormido con su mano implorante…



Dos enseñanzas. Pero antes, dos elaboraciones del lenguaje. Pero antes, dos preocupaciones estéticas, hijas de otra amistad con las palabras. Pero antes, otro interés en los pobladores de un paisaje. Pero antes, otra manera de mirar.

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