Poesia / Cómo leer un poema 

8. Metáforas e imágenes

por José Luis Menéndez
La sustitución del significado directo de las palabras por lo que ellas, en una segunda lectura, pueden sugerir, lo que “denotan” por lo que “connotan”; es decir, la metáfora, no solamente ofrece la posibilidad de embellecer o enfatizar un poema, sino que también sirve, con sus propiedades de achicarse, agrandarse, su adaptabilidad sonora, para el ajuste de los ritmos a sus tiempos precisos. Cualquier clase de metáfora. Puede ser una metáfora lisa, que une voces de una misma materia, como decir: “llovió a cántaros” (materia común, el agua).

O una metáfora descriptiva: “el hijar maduro del día”.

O una metáfora de interacción: “vino, se sacudió dentro de mí”.

O una metáfora en cadena: “el hombre, oscuro pocero..” (y sigue: ) “..cavando en sí mismo..” (y sigue: ) “..hasta alumbrarse el alma”.

O también una metáfora indirecta, que nos hable con “lenguaje corriente”, pero desde la perspectiva que alguien que relate los primeros días de la tierra, o que lo haga mientras navega, como si fuera un pez, en la hondura del mar.

Las variaciones no tienen límites, pero proponen, en todos los casos, la doble funcionalidad de la metáfora. Primero, al servicio de lo que se quiere decir, pero también -estirándose o contrayéndose, cambiando una palabra grave por una esdrújula, un género masculino por un femenino, un plural por un singular- sirviendo al ritmo o a la métrica de la estructura musical del poema.

Y esas construcciones, ¿para qué? Sencillamente para que otros las lean y vayan variando lo que leen, lo tomen y lo transfiguren dentro del mismo movimiento, y la consecuencia de tal juego sea el placer de hallar la melodía de las palabras. La conjunción que sintetiza, por fin, lo anterior, que es el habla, y lo siguiente, que es la música.

Dientes de fiera = latidos de un corazón que casi todo lo ignora, menos el amor.

Cervatillo ya devorado = diminuta imagen de oro nocturno, adiós que centellea de póstuma ternura.

Raíces de árboles = uñas profundas como el amor que invaden.

Insuficiencia de la espera = no alcanzará, por más que los pechos entreabiertos en tierra proyecten su dolor o su avidez a los cielos azules.

Tanto que eras = la impenetrable caparazón del galápago, la sombra torpe que cuaja entre los dedos cuando en tierra dormimos solitarios.

Un lugar = donde respirar no es mover el pecho en el vacío mientras la cara cárdena se dobla como la flor.

Otro lugar = donde las espumas furiosas amontonan sus rostros pegados contra el vidrio sin que nada se oiga.

Música sinfónica = busca la forma de poner el corazón en la lengua, de modelar una mano que abarque exactamente un talle y si es preciso nos succione como tenues lombrices.



En la metáfora propiamente dicha refulge lo creativo, lo impropio, y hasta la incoherencia física o sintáctica, como decir:



- mis manos han entrado en su edad

- crecía media hora por segundo

- está viniendo el día, ponte un sol

- levantarse del cielo hacia la tierra

- y tú lo sabes tanto que lo ignoras todo



pero siempre ganando su valor por lo sonoro y lo bello, y obviamente, sobre todo, por el acierto de sus figuraciones.

Octavio Paz (1999-1999), poeta mexicano, premio Nobel de Literatura en 1990, es uno de los grandes maestros de la metáfora. Veamos solamente un ejemplo muy breve:



NUBES

Islas del cielo, soplo en un soplo suspendido,

¡con pie ligero, semejante al aire,

pisar sus playas, sin dejar más huella

que la sombra del viento sobre el agua!



¡Y como el aire entre las hojas

perderse en el follaje de la bruma

y como el aire ser labios sin cuerpo

cuerpo sin peso, fuerza sin orillas!



Sucesivamente: 1. las nubes son islas en el cielo. 2. son un soplo dentro de un soplo. 3. se deslizan con “pie ligero”. 4. sus pies son como el aire. 5. el cielo es una playa. 6. sobre donde los pies de aire no dejan huella. 7. o en todo caso dejan una huella semejante a la del viento sobre el agua. 8. pero tampoco el viento sino “la sombra” del viento.

En una estrofa de cuatro versos hay ocho metáforas. El la estrofa siguiente pasa lo mismo. Por momentos, parece que Paz no puede escribir de otra manera. La lógica de su uso de las palabras es la de un mago que suelta sin esfuerzo sus palomas ocultas.



Hermano de la metáfora es el símil, en el cual prevalece la imagen y los efectos de comparación, que no alteran ninguna realidad, pero le hallan un ejemplo sintético, una equivalencia luminosa:



- La luna es el ojo de buey del barco de la noche

- La mujer que amaba se ha convertido en fantasma, yo soy el sitio de sus apariciones.



La combinación libre de estos recursos, la imaginativa metafórica, produce resultados grandiosos.



- Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos”, “están abriéndose como la boca de una pantera terrible”, “los vívidos tulipanes devoran el oxígeno…ahora el aire choca y se arremolina alrededor de ellos, como un río choca y se arremolina alrededor de un barco”.



Puede ser que estas pequeñas narraciones no le agregan ni le quitan nada a los significados de un texto. Son combinaciones en apariencia neutras, que sin embargo deben producirse, porque sin ellas no habría melodía y el conjunto quedaría sin encanto, es decir, sin esa promesa de seducción que anida en cada poema, y que tanto puede revelarse por sus inducciones emotivas como por sus exactos, refulgentes, “golpes de belleza”.




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