Ocho Clásicos / Alfredo Bufano 

El Milagro

por Alfredo Bufano
Por los viñedos venía
bañada en oro de siesta.
Por los viñedos venía
la tumultuosa morena.

Pulpa de aurora la boca,
¡para la sed, qué represa!
los ojos como dos llamas;
las mejillas dos frambuesas,
desnudos hasta los hombros
los brazos color de arena;
por las rodillas las faldas,
agresivas las caderas;
su tez gladiolo y jacinto,
y el pelo de madreselvas.

Por los viñedos venía
radiante en oro la siesta,
por los caminos dejaba
olor de fruta tras ella.

Salióle al paso Nahuel
con su agria cara de fiera.
Como reseco lagarto
pegado en la faz siniestra,
tiene una ancha cicatriz
desde la boca a la oreja.

Por lo viñedos venía,
manzana y sol, la morena.

Nahuel la siente llegar
cual viento de primavera,
tiemblan sus manos velludas,
sus belfos húmedos tiemblan,
y su ancha cara de tigre
se tuerce en lúbrica mueca.

Blanca se ha puesto la niña
como la leche de almendra.

Nahuel la ataja con furia,
la toma con manos férreas;
su áspera boca barbada
pone los labios en ella.

La voz se le fue a la moza
como una avecilla trémula.

Una paloma en el aire
de pronto revolotea;
trae un puñal en el pico
la milagrosa viajera.
El arma pone en la mano
dulce, dorada y pequeña.
En un abrazo profundo
la moza a Nahuel aprieta,
y por la espalda taurina
la hoja helada le entra.

Con negra sangre de lobo
se humedecieron las hierbas.

(en "Romancero", 1932)

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