Ocho Clásicos / Abelardo Vázquez 

No hay que beber dos veces un vino nuevo

por Abelardo Vázquez

El vino nuevo, como la mujer nueva
es trago del que sabe saborearlos
preparado, despacio, sabiamente
con labios que conocen la costumbre
y renacen vendimias con el tiempo.
La virgen que habita los racimos
de Hungría, aquella noche, Selva
llegó al otoño con lágrimas del aire
asustada, entregada, fugitiva
de inaugurarse para siempre novia.
Esa primera piel rosada y clara
yo la bebí con muchas precauciones
y por supuesto delicado y sobrio
como un señor que sabe de estas cosas.

Pasó el tiempo y acaso ya era Hungría
la solo Selva que volví a encontrarme
con vinos que iniciaron los caminos
en todas las bodegas de la noche.

Tuve piedad de mi cosecha vieja
de la pregunta que se alzaba en vano
piedad de ver la borra ya en la copa
hasta piedad del vicio y de la máscara.
No tuve corazón para engañarla
y el vino viejo lo bebí por nuevo.
Mientras la copa se trizaba al alba
el vino se volvía más amargo
más amarga la virgen deshojada.

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