Ocho Clásicos / Abelardo Vázquez 

Junto a una hermosa virgen de Lisboa

por Abelardo Vázquez

Te lo juro amor mío, cuando vuelva
a nacer seré un abstemio, pero ahora
que tan poco me queda por vivir
deja que beba y viva en la taberna.
Si fueras fuente, fuente te bebiera
como un Madeira, hermosa virgen de Lisboa
con tu largo rosario de abandonos
y esa apretada sed de ocultos magallanes.
Tienes de oporto el pecho y la caricia.
De preparadas lunas son tus formas
cuando navegas el vitral del sueño
con medievales sombras y naufragios.
Con Frei Joai y el amor a la gacela
con Fray Thomé y los trabajos de Jesús
los nueve meses del vientre de María
llorias unidas a muros, sacristanes
y ahuyentas del misal a las tabernas.
Me lo juras, tu abuela fue abadesa
y vivía en la cuba de un convento
tu abuelo fue su copa u lo bebía
despacio y flaco y luego eternamente.
Inés de Castro y Pedro ya dormían
con gruesos asesinos al costado.
En los vitrales sombras preparadas
invetaban pecados para Coimbra.
Yo sólo se rezar si rezo y bebo
amar de Dios la sangre que me ofrece
perderme el paraíso mientras duerno
su duermo solo, borracho de mí mismo.
Con paso de paloma va la luna
el Tajo cruza pámpanos de fuego
arde una monja como fino incienso
y roja se deshace en ruiseñores.
Bebía así una noche, con Madeira
y un viejo marinero y triste
cuando Oporto me abrió las celosías
de aquella hermosa virgen de Lisboa.

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